Son de Madera lo tuvo claro desde el principio. No perseguirían los grandes escenarios ni la popularidad, ni por millones de pesos; su misión sería colocar al son jarocho en el mapa musical, y lo harían con versos inspirados en la poesía cubana y latinoamericana, e incluyendo instrumentos como contrabajo, con ejecuciones impecables.

A 30 años de la conformación de este ensamble, Ramón Gutiérrez Hernández, originario de Tres Zapotes y avecindado en Xalapa, Veracruz, recibe a La Jornada en su casa, vivienda con revestimientos de madera, ubicada en una calle empedrada, muy cerca del parque Los Berros. El tema de la entrevista: lo que algunos especialistas denominan la música clásica de Veracruz.

Desde ahí, Ramón Gutiérrez dijo que el paisaje musical actual está nutrido de abundantes grupos de son jarocho, pero hace tres décadas, cuando él y otros músicos de la época, como Laura Rebolloso y Tereso Vega, comenzaron a rasgar sus jaranas y entonar sus coplas, este género musical estaba en riesgo de desaparecer.

En ese momento, todos los chicos escuchaban rock, y uno era como un frijolito en el arroz, pero después de 30 años de Son de Madera y del trabajo de otros grupos como Mono Blanco, Los Leones de la Sierra de Xichú o Los Camperos de Valle, eso ha cambiado, el son jarocho tiene un espacio en la cultura en Veracruz, en México.

Son de Madera surgió de jugar con la idea de ser un ensamble musical mediante el cual sus jóvenes integrantes pudieran seguir los pasos de soneros como Arcadio Hidalgo, integrante de Mono Blanco. Les dio el nombre Antonio García de León, historiador y músico, quien dedicó años a documentar el son jarocho.

Conversar con Ramón Gutiérrez es abrir una enciclopedia musical, no faltan las referencias de John McLaughlin, Roger Waters, Wes Montgomery y Jethro Tull. Tampoco escapa la mención a la poesía cubana y latinoamericana a la que es afecto.

“¿Cuál es la aportación de Son de Madera en estos 30 años? Para nosotros, la música significó ser parte de una tradición y convencer a la gente de que esta tradición era importante, que no empezaba aquí, sino que venía de África, de los árabes, que llegó aquí a mezclarse con nuestra cultura.

Cuando tocaba de joven son jarocho, se trataba de convencer a la gente de que era importante no sólo por tradición, por ser música folclórica, sino porque tiene un mensaje, profundidad, que libera el espíritu. Son de Madera convenció a la gente de que esta música es importante.

Público y seguidores de Son de Madera cubren un amplio espectro, que va de los aficionados al son; de académicos y activistas a defensores de derechos humanos. Coinciden en que encontraron en sus canciones una cadencia particular, ciertas figuras literarias en sus coplas y temas como la riqueza natural y el mestizaje que los distinguieron de otros grupos de son.

Ramón Gutiérrez contó que en un entorno donde predominaba el son recio, bárbaro –con alusiones a la vida campesina y el hombre vaquero–, él concebía a Son de Madera como un ensamble que pudiera recrear otros paisajes, otras atmósferas, como hacen en sus canciones La marea o El amanecer.

Dijo que para alcanzar este fin, se dejó guiar por la poesía cubana y latinoamericana, de Nicolás Guillén y Jaime Sabines.

“En ese momento se veía al son como un género picaresco. Se decía que los jarochos eran chistosos, pero yo buscaba esa poesía, esas formas antiguas del son jarocho. Yo quería decir: ‘tienes unos ojos tales, matadores y bellos que no merecen llorar, sino que lloren por ellos’”, añadió.

Ramón Gutiérrez explicó que como sonero está siempre en pro de que pasen cosas importantes para los seres humanos, “y cuando uno ve a personajes como Roger Waters solidarizarse con el pueblo palestino, uno se enlaza con él, y piensa: ‘eso significa también ser músico; si tienes esa forma de expresión y puedes llegar a más gente, no puedes permanecer callado ante la injusticia’”.

Mestizaje y diversidad

Son de Madera ha cantado al mestizaje, a la diversidad cultural y al maíz.

Cuando era joven, era un problema aceptar que uno no era blanco, que tenía labios gruesos, nariz ancha, pelo chino. Había la necesidad de negar que uno era medio afro, medio indio. Con nuestras canciones tratamos de reivindicar la diversidad, sentir orgullo de nuestra mexicanidad.

En la casa de Ramón Gutiérrez hay, además de media docena de jaranas de diversos estilos, guitarras, el cuadro de una sirena, un tablero con el horario de las clases de la escuela en línea de Neftalí Rodríguez, y en uno de los burós, sobre un tapete de tela, el Grammy por mejor álbum latino de 2022. A su dueño no le gusta presumirlo, insiste en que él sólo quería demostrar que el son jarocho no es desafinado.

Son de Madera cumple tres décadas con siete discos bajo el brazo, entre los que destacan Son de Madera (1996), Las orquestas del día (2004) y Caribe mar sincopado (2014). Ramón Gutiérrez celebra el aniversario con un álbum personal: Amores imaginarios, que incluye canciones como La conga sureña, Amores imaginarios y Los fandangueros del mundo.

Seguimos en resistencia creativa, en resistencia que tiene que ver con la paz espiritual, con el gusto de seguir tocando nuestros instrumentos, y de seguir disfrutando tocar en espacios como el El CaSon, en el puerto de Veracruz, para la gente del pueblo, expresó Ramón Gutiérrez.

Los integrantes de Son de Madera son Óscar Terán, Tereso Vega, Pablo Emiliano Castellanos, Ramón Gutiérrez, Santiago Gutiérrez Rebolloso, Lucía Gutiérrez Rebolloso, Cecilia Gómez, María Conchita Patraca y Melanie Smith.

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