En las últimas décadas, la industria de la moda ha sido testigo de transformaciones radicales, las empresas del sector han tenido que adaptarse a nuevos contextos y demandas, lo que las ha llevado a cambiar su modelo de negocio.

Las empresas buscan la economía circular y el cuidado del medio ambiente, por lo que se generan artículos con una vida útil mayor.

Así, el resale ha tenido un crecimiento constante en años recientes, cuyo tamaño de mercado pasó de 96 mil millones de dólares en 2021, a 119 mil millones en 2022, de acuerdo con datos de Statista. Para 2023 se proyectó un incremento de 22 mil millones de dólares y, para 2026, se prevé alcance un valor de 218 mil millones de dólares a nivel global.

Aproximadamente 500 mil toneladas de microplásticos llegan a los mares cada año, debido a la producción textil; en tanto que el 73 por ciento de las prendas producidas anualmente terminan incineradas o en basureros, según cifras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

De acuerdo con datos de Greenpeace, la producción de ropa representa 10 por ciento de las emisiones totales de dióxido de carbono a nivel global y explica que uno de los principales problemas de la fast fashion es la fugacidad en sus tendencias, que ha resultado en que existe una mayor producción, pero un menor uso.

“La sostenibilidad se ha convertido en un tema central en la industria de la moda. Hoy en día vemos modelos de negocio de resale con un gran potencial, desde startups de reciente creación, hasta grandes cadenas de retail o compañías internacionales que se han sumado a esta tendencia”, aseguró Ana Paula Godoy, directora y fundadora de RAG, startup mexicana de resale de artículos de lujo.

La especialista de la empresa mexicana especializada en la compra y venta de artículos de moda sostiene que para el cliente el resale ofrece una oportunidad de conseguir piezas que ya no están en retail, piezas únicas o de colecciones de lujo a precios accesibles y que mantienen una gran calidad. Para las marcas es una alternativa que brinda un enfoque mucho más responsable y amigable con el medio ambiente.

La fast fashion se encuentra en un auge sin precedente; no obstante, el impacto medioambiental de la producción masiva ahora impulsa el surgimiento de modelos de economía circular y artículos con una vida útil mayor.

El reporte titulado A New Textiles Economy, de la Fundación Ellen MacArthur, refiere que de 2000 a 2015, la producción de prendas se duplicó, pasando de 50 mil millones de piezas anualmente a 100 mil millones.

“La moda sostenible es una representación del cambio de pensamiento en la sociedad actual, en el que se fomenta la innovación y la creatividad en favor del medio ambiente. Cada vez son más las empresas que buscan genuinamente poner en marcha políticas más sostenibles y modelos de economía circular. Ese es futuro de la moda”, concluye Ana Paula Godoy.

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