Ciudad de México. Un fantasma persigue a México desde hace casi cinco años. Se llama Estados Unidos y, en partidos de eliminatoria rumbo al Mundial y torneos regionales, sus pasos producen ruidos ensordecedores, reclamos tan profundos que ningún jugador sabe descifrar en su cabeza. Con la fuerza suficiente para ser el gigante de la zona, el cuadro de las barras y las estrellas derrotó 2-0 al Tricolor en la final de la Liga de Naciones de Concacaf.

Los goles de Tyler Adams (45) y Giovanni Reyna (63) construyeron su propio relato en el AT&T Stadium de Dallas. En un momento en que despuntan las teorías de la conspiración y otras explicaciones irracionales, la única certeza en las dos jugadas es que el arquero Guillermo Ochoa pudo haber hecho algo más, al menos al momento de recorrer su portería para atajar los disparos de larga distancia.

En un ambiente de clásico, con los dos representativos más opuestos y complementarios en la región, el público mexicano respondió con frustración y reapareció el grito de “ehhh pu…” en los despejes desde la línea del área chica de Matt Turner, obligando al árbitro Drew Fischer a activar la primera fase del protocolo de prevención contra actos discriminatorios a falta de tres minutos para el final. 

Ya para entonces, era común observar en las gradas la salida anticipada de decenas de tricolores, decepcionados por el nivel de juego de su selección.

Lozano, sucesor del argentino Diego Cocca después del Mundial de Qatar, perdió la misión más importante que tenía antes de disputar la Copa América 2024. Pero, además, alimentó una marea creciente de críticas y señalamientos por dejar otra vez en el banquillo al goleador más rentable que tiene en Europa, Santiago Giménez, quien, pese a los pocos minutos que tuvo ante los estadunidenses, generó la única ocasión esperanzadora en ataque en un penal que fue corregido por el VAR a los 72 minutos.

“No hay mucho qué decir. En el país nos exigen resultados y victorias. Tuvimos oportunidades, pero no las concretamos”, afirmó Edson Álvarez al término del encuentro.

Si la película de terror se extendió más tiempo de lo debido fue porque, en los minutos de reposición, los tricolores volvieron a cargar contra el portero Turner con el grito discriminatorio. La segunda advertencia del silbante fue también el resumen de la realidad de la selección: rostros afligidos, criaturas sobrenaturales rondando la cabeza del entrenador y un espíritu derrotado, pese al título de la Copa Oro hace unos meses.

“La afición no se merece esto. Si estamos trabajando, ahora hay que hacer el doble. Trabajamos mucho, pero no se dan los resultados”, concluyó el futbolista del Porto, Jorge Sánchez.

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