A sus 11 años, Fernanda Ximena Villanueva Infante tiene ya una vigorosa trayectoria en el campo de las ciencias. Además de ser campeona olímpica de matemáticas como representante de su estado Baja California Sur, acaba de terminar el diseño de un pequeño robot detector de incendios.

Más que sueños infantiles, la estudiante de sexto de primaria tiene proyectos concretos a futuro. Quiero ser ingeniera, arquitecta y mecánica, quiero estar en la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México), dice con seguridad en entrevista con La Jornada.

Añade que su gusto por las matemáticas comenzó “desde que estaba chiquita, quizá desde primero de primaria o antes, cuando empecé a aprender a multiplicar, hacía competencias con mi mamá y cada vez que yo contestaba primero y bien me ganaba 10 pesitos.

“Mi papá me comenzó a poner problemas que vio en redes sociales. Vivíamos en Los Cabos, pero mi escuela no participaba en los concursos de matemáticas, entonces nos cambiamos a La Paz. Cuando quedé seleccionada para la olimpiada nacional mis maestros me felicitaron, y desde que entré este año a la nueva escuela mis compañeros me han estado pidiendo que les ayude; por ejemplo, no saben cuánto es dos al cuadrado o a la tercera potencia, y les explico que ese numerito que va arriba quiere decir que el número que está abajo está multiplicado por sí mismo, ya sea dos o tres veces.

Entre más haces matemáticas más vas descubriendo cositas que hacen que te gusten, esas cositas son como truquitos para resolver los problemas. Me encanta el álgebra porque ahí tienes que poner variables y puedo sacar fórmulas para que después sea más fácil resolver los problemas. También hago rápido los problemas de geometría, sobre todo cuando se tiene que sacar ángulos.

Mención honorífica y medalla de plata

En su primera competencia de matemáticas, cuando cursaba cuarto de primaria, Fernanda relata que fue la única de su equipo que obtuvo un premio: mención honorífica. Cuenta que sus compañeros se desanimaron porque no ganaron nada y ya no quisieron volver a participar, pero ella no desistió. Regresó a concursar al siguiente año y ganó medalla de plata. Ahora forma parte de la preselección de niños y jóvenes de primaria y secundaria a nivel nacional que buscan un lugar en el equipo que representará a México en la Competencia Internacional de Matemáticas que se realizará en verano en India.

A Fernanda le apasionan también la robótica y la programación, en especial le gustan los dispositivos de la empresa Arduino, que diseña y manufactura placas de desarrollo de hardware para construir dispositivos digitales e interactivos que puedan detectar y controlar objetos del mundo real.

Miniagujero de gusano para viajar…

La pequeña experta explica a este diario: “en esas placas vas conectando cables para hacer robots. En un concurso de ciencias hice un detector de incendios. Lo puse dentro de una casita, hasta con luces. Ahí coloqué la plaquita de Arduino, conectada a un sensor que detecta humo. También lo conecté para mandar los datos a una aplicación que te avisa cuánto fuego hay, y le puse un aparato que suena. Entonces le acerqué un cerillito para probarlo, lo apagué frente al detector y sí sonó pip, pip, pip.

“Me gustaría hacer un androide que se parezca mucho a las personas, pero en pequeño, o sea una minipersonita que tenga su miniescalerita para traer y llevarte agua si se lo pides, o inventar un miniagujero de gusano para viajar por el tiempo y el espacio. Aquí tengo mi libro favorito en el que se habla de eso: La clave secreta del universo, de Lucy y Stephen Hawking.”

–¿Qué le dirías a las niñas que no le entienden a las matemáticas?

–Que las matemáticas son bonitas, que para resolver los problemas no es necesario hacer tantos cálculos, tienes que ir partiéndolos en pedacitos para poderlos sacar. O les recomiendo usar aplicaciones de Internet como Khan Academy para aprender matemáticas, es gratis. Ahí haces un examencito y te ponen en tu nivel.

Los papás de Fernanda han sido su gran apoyo para encaminarla hacia sus anhelos científicos. Su padre, Fernando Villanueva, es médico y él mismo obtuvo cuando era joven un reconocimiento por su participación en la Olimpiada del Conocimiento, certamen que organiza el gobierno federal.

Su orgullosa mamá, Laura Infante, explica que su hija le dedica a las matemáticas y a la robótica mucho tiempo y esfuerzo que le gustaría que fuera reconocido también por las autoridades estatales, para recibir apoyo; por ejemplo, para sus traslados a los entrenamientos nacionales de la Olimpiada Mexicana de Matemáticas (OMM), gasto que las familias deben absorber.

Fernanda es parte del 26 por ciento de niñas de primaria provenientes de todo el país que concursaron el año pasado en la OMM, en la categoría de educación básica.

La doctora Guadalupe Russell, presidenta del Comité Organizador de esos concursos, dice a La Jornada que espera que en este 2024, cuando ya vuelven plenamente a las actividades presenciales luego de la pandemia, se incremente el número de mujeres que participan en ese programa académico de la Sociedad Matemática Mexicana, que en la actualidad no recibe apoyos federales y se mantiene con el trabajo altruista de decenas de matemáticos de diversas universidades públicas.

“Si bien nuestro objetivo es lograr que el porcentaje de participación de niñas y jóvenes en la OMM sea de 50 por ciento, lo que hay que resaltar es que las chicas que hoy están en las olimpiadas tienen mayor seguridad.

“En los entrenamientos se les ve muy cómodas, en particular a las pequeñas de primaria. Es algo que no necesariamente veíamos en el pasado, cuando el ambiente era más dominado por los niños en el sentido de que las niñas se intimidaban al estar haciendo matemáticas.

Ahora no. Son aguerridas, queriendo ser ellas cuando participan al resolver problemas, y eso se ve en los resultados. Incluso ahora tenemos como invitadas a los entrenamientos a unas chicas que obtuvieron medalla de bronce, cuyo desempeño ya está arriba del de los chicos que obtuvieron un mejor lugar. Eso nos confirma que debemos seguir apostando por tratar de incrementar la participación de las niñas en la OMM, esa es nuestra meta, concluye Russell.

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