Hay equipos en la NFL que forman parte del acervo de diferentes generaciones. En México, los aficionados de los 49ers de San Francisco pasan sus fines de semana coleccionando imágenes que producen una extraña felicidad cuando vuelven a casa. Si alguien mira a su alrededor en un día de partido, puede encontrar personas de 20, 30 o más de 50 años detrás de los míticos jerseys de Joe Montana, Steve Young y Jerry Rice. Todos forman parte de una fiesta que están tratando de contar, como antes otros hicieron con ellos.

“¡Vamos Niners, este es el año!”, gritan decenas de voces frente al televisor en un restaurante de comida que parece más un estadio de futbol americano. Es el momento extraordinario de una larga jornada de trabajo, donde aparecen los nervios, la emoción, ese hormigueo en el estómago a medida que se acerca la hora. Que el mundo se entere de que allí está un grupo de seguidores de San Francisco para resistir todo lo que haga falta. Cada partido se disfruta o se sufre, a veces con tanta sinrazón que muchos amagan con preguntarse para qué tanto alboroto.

En los años 80, cuando la NFL expandía su marca por el mundo con sus primeros partidos de exhibición en el estadio Azteca, Germán Robles empezó a imaginar el ambiente de fondo que existe en las gradas, en lugares mucho más pequeños. Eran tiempos más simples, pero la tarea de explorar los cruces culturales entre México y Estados Unidos implicaba hacer un esfuerzo por conseguir números telefónicos de desconocidos.

“Cuando el equipo vino en 2005 a jugar al Azteca, la mayoría en las gradas tenía el jersey de los Niners. Era algo difícil de explicar, porque no sabíamos de dónde habían salido. En ese tiempo se veía más afición de Dallas y Pittsburgh, a pesar de que San Francisco era una de las mejores dinastías. Tratamos de hacer algo en la explanada, pero nadie nos hizo caso. Llegaron dos o tres a dejarnos su teléfono y con el tiempo desaparecieron”, recuerda sobre el génesis del Club 49ers México, certificado por la NFL como el Fan Chapter oficial de la franquicia en la capital del país.

Como este deporte permite a muchos rencontrarse con memorias felices, la idea no terminó allí. Nueve años más tarde, el también promotor cultural hizo uso de las redes sociales para moverse al margen de las supersticiones. “Creamos el grupo en la misma fecha que inauguraron el Levi’s Stadium (el 17 de julio de 2014). Citamos a los aficionados en el Parque de los Venados, muy cerca de la alcaldía Benito Juárez, y así empezamos. Tuvimos que armar un logo para que nos reconocieran. De 15 que llegaron la primera vez pasamos a más de 70 y luego a 100 en muy poco tiempo”.

En el mundo del futbol americano profesional, elegir un equipo es una forma de definir cómo transcurren los fines de semana. Algunos se inclinan por conveniencia hacia el campeón en turno, como es el caso de los Jefes de Kansas City; mientras otros, mucho más viejos, prefieren transitar sobre el mismo cami-no de fatalidades deportivas que existió antes en su círculo familiar.

“Hay por lo menos 70 por ciento de personas en nuestro grupo que van de los 40 a los 80 años. Son aficionados de la vieja guardia, gente que puede explicar a las nuevas generaciones que, si no es con sufrimiento, no es un partido de los Niners”, bromea a sus 46, con cientos de partidos vistos de Montana, Ronnie Lott, Jerry Rice y ahora Brock Purdy.

En temporada regular éramos en promedio 250 personas por partido. Algunos cambiaron de equipo por uno de moda, porque decían que San Francisco sólo perdía. La mayoría seguimos aquí.

En la imagen más reciente del Club 49ers México hay alrededor de 350 integrantes. Mujeres y hombres de todas las edades, portando jerseys de Nick Bosa (97), George Kittle (85), Brock Purdy (13), Colin Kaepernick (7), además de los míticos de Montana (16), Steve Young (8) y Jerry Rice (80). Para organizar un día de partido, el presidente Germán Robles creó desde hace tres años un comité en el que participa junto con un vicepresidente, secretarios generales, responsables de redes sociales y relaciones públicas, además de colaboradores especiales.

Desde 2022 hubo un crecimiento notable, resalta Germán; “la NFL nos contactó para trabajar en conjunto con los 49ers. Estuvimos en el NFL Experience, recibimos más de 35 cortesías del equipo para asistir al partido contra Dallas, nunca hemos tenido un problema. Somos un club incluyente. Han venido con nosotros amigos de Guatemala, Argentina, Cuba y Colombia; actores y comediantes que son Niners y quieren pasarla bien”.

Y es que los 49ers no sólo están en California, sino en más de una ciudad. Sus aficionados crean un mundo con esencia propia, como ocurre en los ámbitos en los que el espacio no sobra. Sobre amplias mesas de madera de un restaurante en Polanco, se amontonan cervezas unas con otras y pasa lo mismo con la comida; es la expresión de un grupo de fieles aficionados que se expande a pocos días de jugar otro Supertazón. No es necesario pasar los torniquetes ni escalar empinadas escaleras de cemento, para sentir este sitio como un gran estadio.

La NFL nos considera la afición más grande de México, afirma el hombre de lentes y barba de candado, quien a su vez encabeza el denominado Imperio Nacional, una red de seguidores a gran escala con la que busca concentrar a la mayor cantidad de Niners en otros estados de la República. El costo por credencial es de 100 pesos. En la lista aparecen Monterrey, Saltillo, estado de México, Chihuahua, Jalisco, Baja California, San Luis Potosí, Durango y Chiapas, además de la Ciudad de México.

Cada semana, desde 2016, enviaba correos a la NFL para conseguir la certificación hasta que lo logramos. Ya cumplimos 10 años. Ahora es tiempo de tener la ambulancia lista allá afuera, porque nuestra historia está ligada al sufrimiento y viene el Supertazón. Al igual que en Las Vegas, en el Club 49ers México más de uno cuenta los días para el 11 de febrero.

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