El tercer ojo: Alejandra Matiz es un documental que celebra a uno de los fotógrafos más trascendentales del siglo XX: el colombiano Leo Matiz, a quien muchos conocieron en México como el muralista de la lente.

Alejandra Matiz, hija del artista del obturador y titular de la fundación que lleva su nombre, presentó el miércoles el archivo audiovisual –dirigido por Emilio Castillo y producido por Sergi Mass– por vez primera en el Foro Cultural Coyoacanense, rumbos por donde vivió el creativo colombiano.

Ella se ha dedicado a promover, en más de medio siglo y por más de 50 países, los trabajos de su papá, oriundo de Atacama (mismo lugar donde nació otro colombiano histórico, por cierto, amigo de Matiz: Gabriel García Márquez).

La restauradora de arte reveló que la historia de este documental de 28 minutos surge porque Leo, en un momento de su vida tuvo el infortunio de perder un ojo. Y ella, dejando atrás su carrera en el arte (llegó a restaurar cuadros de Picasso), se convierte, durante 20 años, en el tercer ojo de Leo Matiz. Lo hizo buscando espacios, adaptando equipo para facilitar la labor de su papá, e incluso, enfocando.

La terrible historia, que devino algo hermoso, comenzó en Bogotá, en 1978, donde en una de sus calles, el fotógrafo fue asaltado y agredido por un individuo que no sólo le robó su equipo de fotoperiodista, sino de un puñetazo le desprendió la retina.

El día del accidente, él se quedó con su ojo en la mano, como en un filme de Luis Buñuel, cuenta Alejandra.

No podía permitir que muriera

Recuerda que ese día la llamaron para que se regresara a Colombia. Mi papá estaba encerrado en la casa, se quería morir, se quería suicidar y, obvio, nunca más volver a trabajar, comparte.

No podía permitir que mi papá muriera. Le dije que me quedaría en un carro afuera de la casa hasta que él saliera.

Al final, lo convenció. Le dijo que tenía mucho que dar. Y sobre todo, que ella se convertiría en su tercer ojo, porque éste representa a la lente de todo fotógrafo.

La también productora ejecutiva del documental, en realidad a lo que se dedicó fue “a ayudarlo, a no dejarlo morir, a buscar los patrocinios… fue una misión de vida. Si no lograba seguir haciendo exposiciones de la obra de mi papá, me hubiera sentido frustrada y ese tercer ojo se apagaría… Empecé a llevarlo a los museos. Le hicimos su primera muestra en el Museo de Arte Moderno de Bogotá.

“Luego, buscamos exposiciones itinerantes porque para que un artista se inmortalice –asegura–, tiene que estar en museos. Ahora, más de 50 de estos recintos tienen obra de Leo Matiz”, quien también fue caricaturista, pintor, creador de periódicos y galerías de arte. Fue un trotamundos que, con su cámara Rolleiflex, anduvo por los cinco continentes captando instantes decisivos de historia contemporánea. Hoy, la fundación de Leo Matiz tiene un acervo de 66 mil 315 positivos –antiguos y contemporáneos–, imágenes publicitarias y caricaturas, además de 117 mil 516 negativos y transparencias.

La fotografía de Matiz ha sido testigo de hechos significativos sociales, también tuvo importantes aportes en los campos de la publicidad, el cine, la caricatura y el mercado del arte al fundar la primera pinacoteca de Bogotá, en la que se exhibió por primera vez la obra de Fernando Botero. Por cierto, Matiz fue uno de sus primeros galeristas.

Leo fue reconocido internacionalmente, como hizo el gobierno francés, que le concedió la orden de Caballero de las Artes y las Letras, en 1995. También recibió el premio Filo D’Argento, en Florencia, Italia, y Colombia le rindió homenaje en 1988. Murió en 1998, pero su obra perdurará para la posteridad.

La idea es que no se pierdan los legados. Hay artistas maravillosos que murieron y nadie se ocupó de ellos; ni un hijo ni nadie. Y esos trabajos se van. Yo tengo la dicha de poder rescatar el trabajo de mi padre y llevarlo al mundo entero. Es un ejemplo para hijos o herederos de obras, para que no dejen morir los archivos, afirma.

A su vez, Sergi Mass, productor del video (el cual se pretende poner a disposición del público en general de forma gratuita en alguna plataforma digital), comenta que se trata de hablar de un artista que representa un antes y después de la fotografía en Latinoamérica

Por su parte, el director Emilio Castillo destaca que el producto se cuenta a través e la mirada de Alejandra. Ella fue el brazo derecho de Leo.

En el recinto de Coyoacán estuvo el pintor, escritor y curador colombiano Darío Ortíz, conocedor de la obra de Matiz, quien relató: Matiz quería ser un artista. Era un dibujante talentoso. Quiso trabajar en un periódico colombiano, en el que el director le obsequia una cámara tras decirle que ya había muchos caricaturistas pero pocos buenos fotógrafos. Que practicara con esa cámara. Fue con la que comenzó a hacer sus reportajes a los 22 años y ésas imágenes, son ahora fotos icónicas. En México es donde encuentra la esencia misma de la fotografía y la relación de ésta con el cine.

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