Cuando te cruzas con una persona como Klaus Maeck, uno se da cuenta de que la gente que vivió experiencias artísticas sobre las que los demás sólo hemos leído, no es propensa al alardeo. El director, productor y guionista de cine nacido en Hamburgo, se encuentra en la Ciudad de México para presentar una serie de actos en el contexto del 110 aniversario del nacimiento de William Burroughs, entre ellos, la proyección de sus dos películas relacionadas con el autor, Commissioner of Sewers (1991) y Decoder (1984): la primera, un registro documental de una lectura de Burroughs en Berlín y una entrevista realizada por el mismo Klaus; la segunda, un filme que incorpora a la ficción conceptos que el viejo Bill volcó en ensayos como La revolución electrónica. Testigo de la escena musical alemana previa a la caída del Muro –experiencia que Klaus refleja en su documental B-Movie–, la relación entre Burroughs y la música aparece recurrentemente en esta entrevista.

El viejo Bill en México

La locación elegida para el homenaje no es casual: “el año pasado estuve en la Ciudad de México, visité los lugares donde vivió y bebió en la Roma y me surgió la idea de volver en el invierno y hacerle un homenaje. Pensé que sería bueno hacerlo en su viejo vecindario: el cine Tonalá está en la Roma y el Krika’s, donde será la lectura, era el Bounty Bar adonde iba con sus amigos. También está la casa en la que asesinó a su mujer accidentalmente… obviamente no se homenajea eso, sino que en México Burroughs escribió sus novelas Junkie (1953) y luego Queer (secuela publicada en 1985). La idea de hacer algo en el Krika’s me gustó, me interesa proyectar mis películas y hacer lecturas en lugares poco convencionales.

La primera razón que tuvo Burroughs para venir fueron sus problemas legales en Estados Unidos; la Ciudad de México debe haber sido muy loca y muy barata en esa época. Pensó en abrir un negocio, pero no sabía qué hacer; no es mi lugar criticarlo, pero creo que esa inercia lo llevó a las drogas duras y a los muchachos jóvenes”.

En las lecturas de Burroughs capturadas por Klaus para este documental se exhiben reacciones exaltadas del público, más correspondientes a un concierto de rock: “era 1986 y la gente en Berlín se amontonó para el evento; primero fue el estreno mundial de Decoder y luego una lectura. Cuando lo busqué en el aeropuerto me dijo: ‘¿a las 22 horas? Es muy tarde, soy un hombre grande’. Así que lo dejamos durmiendo en el hotel y lo pasamos a buscar. Cuando lo despertamos, lo primero que pidió fue un gran porro, así que supongo por eso es un poco difícil de comprender. Burroughs no es tan conocido en Alemania como en Estados Unidos. Fui influenciado más por sus ensayos y entrevistas que por sus novelas, en esos escritos entendí mejor su forma de pensar; sus novelas me resultan difíciles”.

Burroughs influenció a diversas generaciones y estilos de músicos, tal vez más que los otros escritores Beat. En Decoder, Klaus incluyó a FM Einheit, integrante de Einstürzende Neubauten, y a Genesis P-Orridge, fundador de Psychic TV y Throbbing Gristle, y autor de un manifiesto sobre la manipulación de los medios, influenciado en partes iguales por Burroughs y McLuhan: “Einstürzende Neubauten rompieron todas las reglas de la música de la misma manera que Burroughs rompió todas las reglas de la escritura, pero creo que había aún más relación entre Burroughs y grupos como Throbbing Gristle y Psychic TV, así que le pregunte a Genesis P-Orridge si quería estar en la película; fue en los comienzos de Psychic TV. El motivo por el cual comencé a intercambiar ideas con Genesis fue que él editó un disco con la obra de Burroughs y tenía parte de su archivo. Era demasiado tímido para decirle a alguien como Genesis o Burroughs su parlamento en la película, así que ellos inventaron sus propios diálogos. Genesis se dio cuenta de que sus ideas en Psychic TV se correspondían con las mías sobre la muzak presentes en el guion: que la música de fondo influenciaba a la gente para comprar y trabajar; en un shopping, por ejemplo, te quedas más tiempo por esa música. Genesis siempre estuvo interesado en los mecanismos de control, en este caso, los asociados a la música, y él lo llevó al otro extremo al intentar el mismo efecto, pero utilizando diferentes frecuencias y cortando sonidos; por eso nos llevamos muy bien en ese periodo. Genesis P-Orridge también fue profético en sus líneas de la película: ‘la información es custodiada como dinero en un banco, pero nos pertenece a todos’. Es algo que quedó más claro muchos años después con Internet. En Decoder, Genesis se parodia a sí mismo porque con el Templo de la juventud síquica se sentía como un sacerdote underground. A su vez, hoy uno puede almacenar mucha información personal en una pequeña tarjeta, algo de lo que Burroughs no tenía idea, pero era consciente de que el mundo se movía hacia esa dirección”.

Un espíritu apocalíptico

El documental B-Movie de Klaus trata sobre el espíritu de una época muy peculiar, de esos que pueden ser recreados pero no replicados: “el filme es sobre el tiempo salvaje en Berlín antes de que cayera el Muro: Neubauten, Malaria!, Nick Cave… Lo bueno es que Berlín estaba muy separado del resto de Alemania. Por ejemplo, cuando mi tienda de discos quebró en Hamburgo, no podía conseguir una tarjeta de crédito allí, así que Berlín era como el exilio, toda era posible, con diferentes reglas, no sólo libertad artística: muchos jóvenes vivieron ahí porque significaba que no tendrían que ir al servicio militar. Esa combinación habilitó muchas formas nuevas: Neubauten no era un grupo punk del tipo que cuenta hasta cuatro, ni siquiera de música industrial, un término inventado posteriormente. También fue la época de la guerra fría, estábamos a mitad de camino entre Estados Unidos y Rusia, por eso Neubauten cantaban: ‘Bailemos hasta el final porque el final está cerca’. Editando el documental me di cuenta de que ese era el humor de esos tiempos, así era Berlín del Este en los ochenta. Esa sensación de isla creó un carácter en los artistas que se reflejó en su obra”.

La guerra de los ruidos

Uno de los puntos donde confluyen el guion de Decoder, la obra de Burroughs y el manifiesto de Genesis P-Orridge es la idea del ataque sonoro como acto público: en esa época me preguntaba por qué la gente no estaba interesada en provocar situaciones a través del audio. En una ocasión, Burroughs grabó el sonido ambiente afuera de un café y lo editó cortando y mezclándolo con sonidos negativos. Entonces, lo tocó frente al café por algunos días y cada vez menos gente entraba al lugar. No sé si la historia es completamente cierta, pero puedo imaginar que funcionó. Se intentó también en 1982 en Berlín, durante las revueltas producto de la visita del presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan. El plan fue un ataque coordinado de audio, donde todos los involucrados debían tocar la misma cinta con sonidos de guerra, helicópteros y sirenas en un horario determinado. Cuando sucedió, la gente estaba sorprendida porque escuchaba esos ruidos, pero no provenían de las calles. Esto demostró que se podía generar algo a partir de los ataques coordinados con casetes, incluso al día siguiente, fueron confiscados muchos grabadores por la policía.

Spotify, la nueva música funcional

Entre los proyectos para los días futuros de Klaus se encuentra un libro que mezcla autobiografía y ficción, además de incurrir en un medio nuevo: “hay un proyecto para hacer un videojuego de Decoder, sólo que en vez de la muzak el enemigo es Spotify, creo que la lista de canciones personalizada y el algoritmo que sabe sobre tus gustos es la nueva música funcional”.

Ciclo Burroughs comenzó con la proyección de Commissioner of Sewers, la primera exhibición de Decoder en el país y el documental de Yoni Leyser, A Man Within, en el Cine Tonalá, Roma Sur. Hoy se hará una lectura en Krika’s, Roma Norte. Por último, el jueves en el Museo del Chopo, se proyectará Decoder a las 18:30 horas.

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