Siete años después de su exposición más reciente en México, una instalación que causó revuelo y polémica al convertir la galería Kurimanzutto en una tienda Oxxo, Gabriel Orozco regresa a ese espacio con una muestra que él define como muy clásica, al estar conformada por pintura, escultura y dibujo.

Presenta en ella su producción más reciente, que está intrincadamente conectada con los lugares donde vive, y que comenzó en Tokio durante la pandemia de covid-19 y luego se extendió a México, donde a lo largo del último lustro ha coordinado el proyecto Chapultepec: Naturaleza y Cultura, una de las iniciativas más importantes del gobierno de la República Mexicana en materia cultural.

Esta nueva propuesta, que lleva por título el nombre del creador veracruzano (Xalapa, 1962), abrió sus puertas ayer y estará hasta al 23 de marzo en el recinto de Gobernador Rafael Rebollar 94, colonia San Miguel Chapultepec. Reúne por primera vez la serie de dibujos Diario de plantas –mostrada ya en Londres, París y Nueva York–, un conjunto de esculturas de la serie Dés (dados, en francés) y cinco pinturas en gran formato, de dos por dos metros, en las que superpone el Hombre de Vitruvio, de Leonardo da Vinci, pintado a escala humana, a una reproducción bidimensional de la monumental escultura en piedra de Coatlicue, la diosa mexica de la vida y la muerte.

También se incluye otra pintura en gran formato en la que ese famoso dibujo del genio renacentista italiano se entrevera con un pulpo, así como dibujos en menor escala donde el vitruvius aparece superpuesto a otros animales, como ranas y plantas.

En entrevista con La Jornada, Gabriel Orozco, considerado el más internacional de los artistas mexicanos hoy día, aclara que esta nueva muestra, si bien está dentro de un orden más clásico del arte, dista de ser convencional.

Explica que así como la gente piensa que los artistas no podemos hacer arquitectura, fuentes, espacio público o desarrollo urbano en el sentido social, también es interesante darse cuenta de que no se contraponen las técnicas y que se puede pintar, dibujar, hacer escultura y crear obra en pequeña o gran escala al mismo tiempo.

Mi espacio personal

Describe esta nueva producción como una especie de refugio de sus responsabilidades al frente del proyecto en el Bosque de Chapultepec, que, según las autoridades, será entregado en el próximo verano: “Dibujar, pintar, así como trabajar mis piedras, fue una manera de tener mi espacio personal, porque llevamos cinco años de mucho trabajo, muchas reuniones, muchos recorridos.

“Entonces, esa actividad física a la hora de yo retraerme a seguir con mis cosas, a escribir mis ideas en mis cuadernos, a dibujar, fue lo que generó un refugio en estas técnicas, que son las que he practicado a lo largo de mi vida, pero que no han sido expuestas de esa manera en México; porque la última exposición aquí, la del Oroxxo, no quiere decir que estuve haciendo Oxxos en todo el mundo, aunque me hubiera encantado abrir una cadena, ¿no? Ja ja ja.

Hice en México lo del Oxxo porque era una exposición en sitio específico. Así trabajo en general: en cada lugar donde expongo, me enfoco en esa especificidad. Ahora, la especificidad es trabajar estas imágenes con la Coatlicue. Me pregunto cómo va a ser leída esa obra en Europa y Estados Unidos; no sé si van a ver lo mismo que nosotros en estas nuevas pinturas, así como en las esculturas. Me considero, antes que nada, escultor, alguien que trabaja con tiempo y espacio tridimensional, sobre todo; pero siempre he dibujado y pintado, de alguna manera.

–¿El proyecto Chapultepec ha transformado su trabajo artístico o su concepción del arte?

–No es que la haya transformado, pero creo que aprendí a valorar o a entender los procesos, por ejemplo, de sembrado, podado, saneado de los paisajes y cómo la naturaleza trabaja en sus ciclos de restauración y sobrevivencia. En un bosque urbano tan complejo como éste, toda la parte ecológica fue reafirmar muchas cosas. Invité a varios especialistas de los que aprendí bastante, aunque ya sabía yo un poco, porque ése es el tema de mi esposa, y por eso más o menos conozco de ecología política y restauración, del cambio climático y todos sus problemas.

“En mi trabajo, la naturaleza ha sido muy importante desde el principio, pero creo que aprendí mucho en Chapultepec; en toda la parte política ecológica relacionada, además, con una cultura ecológica o con nuestra conciencia desde el medio cultural-artístico.

“Todavía hay mucho camino por recorrer en la parte de conciencia ecológica, desde cómo trabajamos y producimos hasta cómo distribuimos y presentamos nuestro trabajo.

“Chapultepec es un gran proyecto de arte público o de cultura pública; vamos a llamarla cultura, para que no parezca que hablo de arte, pero es un gran proyecto de cultura pública, ecológica, comunitaria, del espacio público, en el cual aprendimos mucho trabajando desde con los obreros y los jardineros hasta con los secretarios de Estado y el Presidente.

Fue un gran aprendizaje. No es que cambie mi manera de ver el arte. Siempre he tratado de que mi producción en los medios que utilizo sea funcional: social, interactiva con el público, conmigo mismo, con la realidad; que de alguna manera establezca puentes de conectividad con el mundo real, con los países en los que estoy trabajando, con diferentes generaciones, porque con mi trabajo puedo comunicarme con los muy jóvenes y los chavorrucos como yo.

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