Nueva York. Fue el salto largo del siglo y sigue siendo récord olímpico, pero el estadunidense Bob Beamon se desprenderá de la medalla de oro que ganó en los Juegos Olímpicos de México 1968 con aquel salto histórico de 8.90 metros.

La medalla será subastada el jueves en Nueva York por Christie’s, que la ha tasado entre 400 mil y 600 mil dólares, en medio de la locura de los coleccionistas, dispuestos a desembolsar millones para comprar recuerdos de momentos deportivos legendarios.

“Tengo 77 años (…) La he disfrutado (…) Y ha llegado el momento de que pase (la medalla) a alguien que aprecie la hazaña deportiva” lograda el 18 de octubre de 1968 en el Estadio Olímpico Universitario de la Ciudad de México, explica Beamon en una entrevista telefónica con la Afp, interesada en saber las razones para desprenderse de la prestigiosa presea.

“Esta subasta es una gran oportunidad para mí”, dice Beamon.

“Esta subasta es una excelente manera de exhibir la medalla, pero también de preservar su memoria”, añade, imaginando que el comprador, ya sea un coleccionista o una institución, querrá “exhibirla” en vísperas de los Juegos Olímpicos de París.

“Un día extraordinario”

Beamon recuerda el 18 de octubre como “un día extraordinario”. Habiendo llegado a la final en el último momento, tras dos intentos fallidos en las clasificatorias, el atleta tenía sobre todo ganas de revalidar su primer salto evitando fallar la tabla o su aterrizaje.

“Para mi gran sorpresa, no fue sólo un salto (exitoso), fue un momento increíble en la historia”, recuerda.

“Todo fue perfecto, el viento era perfecto, el tiempo era perfecto”. Con 8.90 m, el récord mundial se pulverizó en el Campeonato del Mundo de Tokio 1991, con el legendario duelo entre Mike Powell y Carl Lewis, cuando el salto de Powell alcanzó los 8.95 m.

Pero 55 años y 13 Juegos Olímpicos de Verano después, Beamon sigue ostentando el récord olímpico de salto largo.

Si México 68 ha pasado a la historia, es sobre todo por las acciones de los velocistas estadunidenses Tommie Smith y John Carlos, que fueron expulsados de por vida de los Juegos Olímpicos tras levantar un puño enguantado de negro en el podio de los 200 metros en protesta por la discriminación de los afroamericanos en Estados Unidos.

Al día siguiente, Beamon subió al estrado con los calcetines negros arremangados y visibles, y también levantó el puño en un gesto similar.

Hoy, lo que le entusiasma es su nueva pasión por la música. Beamon ha vuelto a la batería y la percusión, que había abandonado cuando era adolescente, “porque el deporte estaba por encima de todo”.

Nacido en Queens, Nueva York, Robert Beamon tenía menos de un año cuando su madre murió de tuberculosis, y nunca conoció a su padre.

“Mi suerte”, dice hoy, “es que he grabado un disco con un grupo de jazz, funk y hip-hop llamado Stix Bones and the Bone Squad. Y me lo estoy pasando muy bien con él”. Título del álbum: Olimpik Soul.

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