Ciudad de México. En cuatro horas debe terminar el proceso de donación y traslado de un corazón al hospital donde será trasplantado. El trabajo de los médicos especialistas en esta área exige precisión, rigor y disponibilidad sin importar el día y la hora. Vamos contrarreloj, explicó Reyna Moreno Ruiz, coordinadora de Donación y Trasplantes del Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez (Incich).

Las cirugías sustitutivas forman parte del programa de insuficiencia cardiaca en el cual los galenos han sumado a su trabajo de controlar y retrasar la progresión de los padecimientos del miocardio el de establecer una red de colaboración con unidades médicas de primer y segundo nivel con fines de prevención y obtención de diagnósti-cos tempranos.

El objetivo es identificar a personas con factores de riesgo y evitar que lleguen a los hospitales con fallas cardiacas graves o pierdan la vida de manera prematura.

El trasplante es el último as bajo la manga que tenemos, señaló Francisco Baranda, subdirector de Especialidades Médico Quirúrgicas del instituto y líder del grupo integrado por ocho médicos formados en el extranjero en diferentes áreas de la cardiología.

Expertos conversaron con La Jornada sobre las actividades que realizan dentro y fuera del hospital para mejorar la atención de la insuficiencia cardiaca, problema de salud grave, pero subestimado.

Baranda resaltó que los ocho médicos son el núcleo de un grupo conformado por una treintena de trabajadores del instituto que participan en las actividades de prevención y atención de los enfermos en México y desde hace unos meses, también de connacionales que viven en el extranjero.

Amada Álvarez San Gabriel, coordinadora de la Clínica de Insuficiencia Cardiaca y Trasplantes, explicó que los padecimientos del corazón sin un tratamiento adecuado y oportuno conducirán a una falla cardiaca terminal. Para evitarlo se requiere un seguimiento cercano de los afectados.

Con ese objetivo, en el instituto se diseñó una aplicación para que a diario los pacientes registren sus signos vitales, peso corporal y síntomas. La información se incorpora a una base de datos que ya cuenta con 2 mil registros. En tiempo real, los médicos ajustan tratamientos y hacen recomendaciones a los enfermos.

Álvarez comentó que también se han establecido colaboraciones con unidades médicas donde se atienden enfermedades cardiometabólicas.

Han entrenado a los médicos para realizar estudios de ecocardiografía con dispositivos móviles. Sólo deben obtener dos imágenes de ultrasonido y mediante inteligencia artificial hacer una diferenciación sobre el funcionamiento del corazón para confirmar si el paciente tiene insuficiencia cardiaca.

También bajo la conducción de la Comisión Coordinadora de los Institutos Nacionales de Salud y Hospitales de Alta Especialidad (Ccinshae) se van a crear clínicas de insuficiencia cardiaca, a fin de lograr diagnósticos oportunos, dar tratamientos a los afectados y evitar que evolucionen a la fase terminal, donde para algunos la última alternativa será el trasplante de corazón.

Carlos Alberto Guizar Sánchez, especialista adscrito a la Clínica de Insuficiencia Cardiaca y Trasplantes, explicó que los principales factores de riesgo para esta enfermedad son la diabetes y la hipertensión arterial. El corazón se va dañando y con el tiempo se pueden presentar fallas en alguna válvula o un infarto.

El corazón se daña y disminuye su capacidad para bombear la sangre con la fuerza que se necesita. Esto provoca que la insuficiencia avance y el órgano se debilite progresivamente. La sangre deja de llegar a todo el cuerpo.

Entonces aparecen síntomas como la falta de aire e hinchazón en extremidades, entre otros que obligan a los pacientes a permanecer acostados. Las medicinas y otras terapias de soporte dejan de funcionar. En ese momento, se debe valorar la posibilidad de realizar un trasplante de corazón.

Alcance internacional

La labor de los profesionales del Instituto Nacional de Cardiología trascendió las fronteras y han podido ayudar, hasta ahora, a tres mexicanos: uno originario de Oaxaca que trabaja en Alaska, otro de Campeche que tiene empleo temporal en Canadá y uno más que vivía en San Luis Missouri, Estados Unidos.

En los tres casos, la comunicación provino de los hospitales de aquellos países. Pidieron ayuda al Incich para esas personas que, por no ser residentes permanentes, no tienen acceso a la atención médica de alta especialidad que requieren.

El oaxaqueño tiene 43 años, un corazón dilatado (aumentado en su tamaño) y empezó a fallar. Ya tuvo una consulta presencial en el instituto, está en tratamiento, bajo control y los médicos consideran que es candidato a un trasplante.

El paciente de Campeche está en el programa de trabajo temporal de Canadá en agricultura. Tiene la enfermedad de Chagas, endémica del sureste mexicano. Es un parásito que le dañó el corazón. Se le realizará la cirugía sustitutiva.

El tercer connacional se encontraba en San Luis Missouri. Tuvo que buscar ayuda en un hospital, pero tampoco tiene derecho al servicio. En este caso, por las políticas del estado tuvo que ser deportado, previa presentación de un documento donde el Incich lo acepta como paciente.

Esto es algo que rebasó nuestras expectativas. Pensábamos en los enfermos que viven en el país y ya estamos atendiendo a connacionales en el extranjero que podrán seguir haciendo su vida, subrayó el doctor Baranda.

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