Ciudad de México. Las iniciativas de reforma constitucional presentadas ayer por el presidente Andrés Manuel López Obrador recuperan el legado de los grandes referentes nacionales y, en esencia, buscan devolver a la Constitución del 17 toda su dignidad, su humanismo y su grandeza, características que le fueron arrebatadas en el régimen neoliberal.

Las reformas blindarían los derechos alcanzados en la Cuarta Transformación a fin de que sea prácticamente imposible una regresión en caso de que los reaccionarios retomaran el poder. Al hacer ese apunte, y a manera de cábala deseando que no se concrete, el mandatario tocó con sus nudillos la madera del atril desde el que habló.

Con la historia como guía –una característica en su mandato–, el titular del Ejecutivo federal delineó los motivos para enviar al Congreso de la Unión estas propuestas con las que también pretende que desde la Carta Magna se sepulte la herencia antipopular del neoliberalismo.

Mi propuesta es que nuestra generación honre el legado del Constituyente de 1917. De él recibimos una Carta Magna que, a pesar de las graves alteraciones que sufrió durante el neoliberalismo, nos ha resultado fundamental para recuperar el país, limpiar la podredumbre de las instituciones y reorientar al Estado para ponerlo al servicio del pueblo. Gracias a nuestra Constitución de 1917, hemos podido emprender esta hazaña nacional en forma pacífica y democrática.

El augurio por un futuro para la transformación no perdió espacio en su discurso, y a 24 días del arranque del proceso electoral enfatizó:

“No olvidemos que, si por nuestros errores, desidia o desviaciones, y valiéndose del dinero o la manipulación que llevan a cabo en los medios de manipulación, que no de información, los reaccionarios logran regresar al poder, que sea mucho lo que tengan que echar atrás, y que la regresión les resulte muy difícil, ardua, hasta el punto de que les sea imposible el cancelar los beneficios que estamos estableciendo en bien del pueblo.

Y que con esa certeza, si regresan los corruptos, las nuevas generaciones puedan, llegando el momento, recuperar el camino de la justicia, la paz, la democracia y la soberanía. Pero no se malinterprete, no estoy hablando del futuro inmediato, hasta donde alcanzamos a ver y a oír en la calle el porvenir vendrá acompañado de la justicia. Mi reflexión va más allá de los próximos años, porque nada en política es eterno y la democracia se gana o se pierde, y el pueblo es el que manda, y si se equivoca vuelve a mandar.

Los simbolismos tampoco quedaron de lado. Acompañado de su esposa, Beatriz Gutiérrez, el Presidente presentó su exposición desde el Recinto Parlamentario de Palacio Nacional, majestuoso salón neoclásico que albergó gran parte del siglo XIX la Cámara de Diputados y donde se discutió y juró la Constitución liberal de 1857. Las antiguas curules en esta ocasión fueron ocupadas por los integrantes del gabinete presidencial, únicos invitados al acto.

Lo hizo además en una fecha histórica, en la cual se conmemoró el 107 aniversario de la promulgación de la Carta Magna de 1917, surgida del movimiento revolucionario y primera en la historia contemporánea mundial en promulgar los derechos sociales. 

Dio su discurso en el Recinto Parlamentario de Palacio Nacional. Foto Cristina Rodríguez

 

Esencia social y pública

El tabasqueño resaltó que las reformas promovidas en 36 años del periodo neoliberal representaron adulteraciones que niegan el sentido general de nuestra Carta Magna, que fue fruto de un movimiento popular revolucionario y, por lo mismo, concebida desde el inicio con un espíritu nacional, social y, subrayo, público.

Agregó: Jamás en ese oscuro periodo se pensó en beneficiar al pueblo, sino fundamentalmente en ajustar el marco legal para facilitar el despojo, la corrupción y la entrega de bienes del pueblo y de la nación a una minoría.

Hoy, aseveró, se vive otro momento histórico en el país, y en caso de no actuar consecuentemente con los principios e ideales de los héroes y mártires nacionales, nos juzgaría mal la historia.

De ahí que para la elaboración de sus propuestas recuperó los postulados de Hidalgo, Morelos, Juárez, los hermanos Flores Magón, Madero, Villa, Zapata y Cárdenas.

La esencia de estas normas y nuevos derechos es rencauzar la vida pública por la senda de la libertad, la justicia y la democracia, como lo demandaron y exigieron con sus luchas nuestros antepasados y sus abnegados dirigentes.

A sólo ocho meses de que concluya su sexenio, blandió la necesidad de seguir luchando por el humanismo y por los ideales y causas que han acompañado a las grandes transformaciones del país, así como no claudicar en el empeño de recuperar el sentido social para el actuar público.

Sería un error confiarnos y dejar pasar esta oportunidad histórica para hacer todo lo que esté a nuestro alcance con el propósito de afianzar valores, ideales y volver a imprimirle a la Constitución su carácter democrático y, sobre todo, eminentemente social.

Dijo estar consciente de que el éxito de la transformación en marcha no depende exclusivamente de las reformas a la Constitución y a las leyes; otro elemento fundamental es el cambio de mentalidad del pueblo, que evitará cualquier retroceso antipopular en el futuro.

López Obrador cerró su discurso de 42 minutos con arengas que exaltaron a los presentes: ¡Que viva la Constitución de 1824! ¡Que viva la Constitución de 1857! ¡Que viva la Constitución de 1917! ¡Viva la transformación! ¡Viva México! ¡Viva México! ¡Viva México!

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